Hilamos con... May Rojas

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May Rojas · carpintería

Una mañana medio lluviosa de primavera llegamos al taller de May y el olor de las virutas de madera recién cortada nos dio la bienvenida.

Herramientas, trabajos en proceso, piezas terminadas... el espacio en el que May hace magia con sus manos y que tan bien representa su universo nos acogió igual que lo hizo ella con su amabilidad y simpatía.

Esa mañana charlamos sobre oficios, artesanía, tiempo y sueños ilusionantes.

"May: la madera, el tiempo y la maternidad como catalizador del cambio"

¿Nos cuentas cómo llegaste al mundo de la carpintería?

Llegué desde la frustración, o desde el hecho de obviar un deseo de la infancia. Lo que me pasó fue lo que nos pasó a muchas de mi generación: si valías para estudiar, ibas a la universidad. La formación profesional estaba denostada, se dejaba para quien no quería estudiar. Entonces no tuve la oportunidad de aprender un oficio, que era lo que de pequeña me gustaba: trabajar con las manos, lo artístico.

Con 30 años estaba frustrada de mi trabajo. Era un trabajo cualificado, bien remunerado y valorado, pero yo necesitaba crear. Así que lo dejé, me fui a FP a estudiar carpintería y me enamoré. Dije: "Esto es lo mío. ¿Por qué no lo conocí con 16 años?" Pero más vale tarde que nunca.


Y ahora das clases de carpintería, ¿verdad?


Sí, trabajo en una institución centenaria, la Escola del Treball de Barcelona.

Doy clases de grado medio y grado superior a chicos y chicas que tienen la suerte que yo no tuve: han encontrado lo que les gusta y están estudiando un oficio que va a ser para siempre.

Aparte, tengo este taller, que empezó como un espacio más de hobby. Un sitio cuidado para estar sola con mis cosas, con mis manos y la madera.

¿Hay muchas chicas en tus clases?

Depende. En grado medio, de un grupo de 30 alumnos hay tres chicas y 27 chicos. Y no conseguimos que suba porque hay muchos prejuicios: el ruido, la peligrosidad, que hay muchos chicos, que no hay referentes mujeres, que los profesores de taller son todos hombres menos yo...

Pero poco a poco estamos trabajando y cada vez más chicas jóvenes se interesan por la carpintería a través de las redes sociales. En grado superior, que tiene más perfil de diseño de mobiliario, ya hay paridad. Cuando aparece la palabra "diseño", la mujer ahí ya aporta.



¿Lo vives como una lucha?



En grado medio sí. Es como una mini sociedad dentro del aula: todo lo que suele pasar en la calle pasa en el taller, y también es una oportunidad para hablar de según qué cosas y trabajarlas. A veces la familia frena mucho, también el entorno escolar antes de entrar en FP.

Cada uno tiene que aportar su granito de arena. Lo que quiero es visibilizar que es una realidad, pero que está cambiando.

"Hay muchos prejuicios pero es una realidad que está cambiando"

¿Qué es para ti la artesanía? ¿Crees que se valora lo suficiente?



Para mí la artesanía es una oportunidad. Hoy en día se ha quedado como un artículo de lujo: obtener un producto hecho de manera artesanal eleva mucho el precio, y como todo es low cost, parece carísimo e inaccesible. Hacer esa inversión cuesta, es un cambio de mentalidad.

Pero puedes comprar artesanía o puedes vivir la artesanía y fabricarla tú. Eso también es una oportunidad. A nivel de crecimiento personal es brutal: te implica mantener el foco, estar 100% en lo que haces, entender el material, las técnicas, las herramientas. Es crecer mientras aprendes. Eso es una cosa muy buena de la artesanía, hagas lo que hagas: madera, cerámica, piedra, lo que sea.

¿Cuáles son tus valores como artista y creadora?



Intento que sean los mismos en el taller, en el aula, con mi hijo, con mi familia. Al final es sobre todo respeto: respeto por lo que sientes, por lo que haces, por lo que hacen los demás.

También valorar que cada uno tiene su respuesta a lo que tú haces e intentar que no te influya demasiado, porque cuando te expones, tu trabajo queda expuesto. En el aula estamos 100% expuestos a los comentarios de alumnos, familias, toda la comunidad educativa.



Y respetar los tiempos es muy importante. Me gustó mucho una frase que escuché: "La prisa es otra forma de pobreza." Se puede aplicar a todo lo que compramos. Si compras ropa hecha con mucha prisa, aunque sea barata, lo que estás comprando es que hay gente empobrecida trabajando muchísimo más que nosotros. Nos pasa igual con una silla: queremos que se valore.

Por eso también me gusta mostrar el proceso, que la gente entienda que hay mucho trabajo detrás y de ahí sale el resultado.

La maternidad como catalizador del cambio

¿La maternidad cambió tu manera de vivir el oficio?


La maternidad fue el inicio del cambio. Todas las que han maternado de alguna manera saben que es el momento en el que se te remueve todo. El tiempo que no estás con tu peque haciendo algo que te apasiona es una renuncia brutal, sobre todo cuando son pequeños.

Cuando mi hijo tenía 2 años me puse muy enferma y cuando salí dije: "No voy a volver a lo de antes, porque hacer algo que no me llena es lo que me ha enfermado."

Y entonces empecé a estudiar, empecé con la madera.

Ser madre me hace vivirlo de una manera totalmente diferente. Los chicos y las chicas en la escuela a veces se equivocan y me llaman mamá. De ahí sale lo de Mamafusta.

Y a mi hijo le encanta estar en el taller, los niños disfrutan creando. Ojalá nunca deje de hacerlo y no sea un adulto frustrado que tenga que hacer el mismo cambio que hice yo.

Y por último, ¿cuál es tu sueño?


Sueño que algún día alguna de mis alumnas me diga: “yo estoy aquí porque mi madre es carpintera, siempre he estado con mi madre en el taller”. Igual que me dicen muchos alumnos chicos que su abuelo, su padre o sus tíos son carpinteros y por eso están aquí, por tradición familiar, porque lo han vivido desde pequeños.

Maternidad, artesanía y pasión por hacer, para mí es un todo. Y también es lo que mi hijo ve. Eso me gusta mucho.

Gracias a May por abrirnos las puertas de su taller y por una mañana de charlas tan interesantes, nos hubiéramos quedado días enteros.

Y gracias a la videógrafa y fotógrafa Montse Capdevila por capturarlo todo con su sensibilidad y talento.

May viste prendas de la colección Raíces SS26.

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En el segundo capítulo de "Hilamos con..." charlamos con May Rojas: profesora de carpintería, artesana y madre. 

May dejó su trabajo cualificado y bien remunerado para dedicarse de lleno a la carpintería, una decisión que define todo lo que vino después. Hoy imparte clases, tiene su propio taller y lleva el apodo que le pusieron sus alumnos: Mamafusta.

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